Antes de empezar…

La RAE forma parte de nuestra vida cotidiana mucho más de lo que parece. Cuando buscamos una definición o consultamos una duda lingüística, solemos acabar recurriendo a ella. Sin embargo, esta institución no ha existido siempre: fue fundada en 1713, en pleno siglo XVIII. En este vídeo, Linguriosa nos explica para qué sirve realmente la RAE.

Una imagen para observar

Este cuadro, titulado El juramento de los Horacios (1784), fue pintado por Jacques-Louis David. La disposición de los personajes, la simetría de la escena y el predominio de las líneas rectas transmiten una clara sensación de equilibrio y orden. Cada figura parece ocupar un lugar preciso dentro de la composición y cada gesto contribuye a reforzar la impresión de firmeza y control que domina la obra. Incluso las emociones aparecen sometidas a ese mismo principio de contención.

Una vuelta a lo clásico

Llamamos Neoclasicismo a un movimiento artístico y literario desarrollado durante el siglo XVIII que defendió los ideales de la razón, el orden y el equilibrio. Frente a la imaginación desbordada, los excesos o las emociones intensas que caracterizarían épocas posteriores, los neoclásicos consideraban que el arte debía ajustarse a unas normas y contribuir a mejorar la sociedad.

La muerte de Sócrates es un gran ejemplo de arte neoclásico: orden, claridad y simetría, así como tema clásico (la ejecución del gran filósofo griego).

Nuestra arquitectura está plagada de edificios de estilo neoclásico. Sin ir más lejos, nuestro Palacio de las Cortes está inspirado en los imponentes edificios de la antigüedad grecolatina, como el Partenón de Atenas.

El ideal clásico también tuvo, cómo no, una gran repercusión en el ámbito musical. El gran Wolfgang Amadeus Mozart es el ejemplo más célebre de este estilo. En este vídeo, Jaime Altozano nos explica, entre otros movimientos, lo que es el clasicismo musical y cómo aprender a identificarlo.

La Ilustración

El Neoclasicismo se desarrolló durante el siglo XVIII, una etapa conocida como el Siglo de las Luces o la Ilustración. Fue una época marcada por la confianza en la razón, la educación y el conocimiento como instrumentos para mejorar la sociedad. Muchos pensadores consideraban que los problemas humanos podían resolverse mediante el estudio, la observación y el pensamiento crítico.

En España, el siglo comenzó con la Guerra de Sucesión (1701-1714), que terminó con la llegada al trono de la dinastía de los Borbones. Los nuevos monarcas impulsaron diversas reformas destinadas a modernizar el país y acercarlo a otras potencias europeas.

Durante estos años surgieron numerosas instituciones culturales y científicas, como la Real Academia Española (1713), la Real Academia de la Historia (1738) o la Biblioteca Nacional. Su objetivo era fomentar la educación, difundir la cultura y organizar el conocimiento.

El edificio de la RAE, cuya arquitectura es de estilo neoclásico.

Los ilustrados defendían una sociedad más culta y racional. Por ello, criticaron la ignorancia, las supersticiones y determinadas costumbres que consideraban perjudiciales para el progreso. La literatura pasó a entenderse como una herramienta útil para educar a los ciudadanos y transmitir ideas.

Lectura de la tragedia «El huérfano de la China» de Voltaire en el salón de madame Geoffrin (1812). Esta pintura representa reunidos a los ilustrados más importantes de la época.

En este contexto nació el Neoclasicismo, un movimiento que admiraba los modelos de la Antigüedad grecolatina y que defendía valores como el orden, la claridad, el equilibrio y la utilidad de las obras artísticas.

La literatura española del siglo XVIII no fue uniforme. Durante las primeras décadas continuaron cultivándose formas y modelos heredados del Barroco, pero, poco a poco, las ideas de la Ilustración fueron imponiendo una nueva manera de entender la literatura. Esta nueva corriente, conocida como Neoclasicismo, defendía una literatura guiada por la razón, el equilibrio y la utilidad social.

Algunos de los escritores…

José de Cadalso

Sus obras más importantes son Cartas marruecas, una colección de cartas en las que analiza la sociedad española desde una mirada crítica, y Noches lúgubres, considerada una obra precursora del Romanticismo por su tono sentimental y melancólico.

Carta I

De Gazel a Ben-Beley

Me hallo vestido como estos cristianos, introducido en muchas de sus casas, poseyendo su idioma, y en amistad muy estrecha con un cristiano llamado Nuño Núñez, que es hombre que ha pasado por muchas vicisitudes de la suerte, carreras y métodos de vida. Se halla ahora separado del mundo y, según su expresión, encarcelado dentro de sí mismo. En su compañía se me pasan con gusto las horas, porque procura instruirme en todo lo que pregunto; y lo hace con tanta sinceridad, que algunas veces me dice: «De eso no entiendo»; y otras: «De eso no quiero entender». Con estas proporciones hago ánimo de examinar no sólo la corte, sino todas las provincias de la Península. Observaré las costumbres de este pueblo, notando las que le son comunes con las de otros países de Europa, y las que le son peculiares. Procuraré despojarme de muchas preocupaciones que tenemos los moros contra los cristianos, y particularmente contra los españoles. Notaré todo lo que me sorprenda, para tratar de ello con Nuño y después participártelo con el juicio que sobre ello haya formado. […]

José de Cadalso. Cartas Marruecas (fragmento)

Sabías que…

Cadalso estaba profundamente enamorado de María Ignacia Ibáñez, una famosa actriz de la época. Cuando ella murió repentinamente en 1771, él quedó devastado. Según una tradición muy difundida y recogida por numerosos biógrafos, intentó entrar de noche en el cementerio para abrir la tumba y volver a verla por última vez. Aunque algunos detalles del episodio son difíciles de verificar con total certeza, refleja el enorme impacto que tuvo su muerte en el escritor.

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