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1. La literatura en el siglo XVIII. El Neoclasicismo
Antes de empezar…
La RAE forma parte de nuestra vida cotidiana mucho más de lo que parece. Cuando buscamos una definición o consultamos una duda lingüística, solemos acabar recurriendo a ella. Sin embargo, esta institución no ha existido siempre: fue fundada en 1713, en pleno siglo XVIII. En este vídeo, Linguriosa nos explica para qué sirve realmente la RAE.
Una imagen para observar

Este cuadro, titulado El juramento de los Horacios (1784), fue pintado por Jacques-Louis David. La disposición de los personajes, la simetría de la escena y el predominio de las líneas rectas transmiten una clara sensación de equilibrio y orden. Cada figura parece ocupar un lugar preciso dentro de la composición y cada gesto contribuye a reforzar la impresión de firmeza y control que domina la obra. Incluso las emociones aparecen sometidas a ese mismo principio de contención.
1.1 Introducción y contexto histórico
De vuelta a lo clásico
Llamamos Neoclasicismo a un movimiento artístico y literario desarrollado durante el siglo XVIII que defendió los ideales de la razón, el orden y el equilibrio. Frente a la imaginación desbordada, los excesos o las emociones intensas que caracterizarían épocas posteriores, los neoclásicos consideraban que el arte debía ajustarse a unas normas y contribuir a mejorar la sociedad.
🏷️ ¿Por qué «Neoclasicismo»?
Neoclasicismo: del griego néos («nuevo») y clásico (del latín classicus). El término significa literalmente «nuevo clasicismo» y fue utilizado posteriormente por historiadores y críticos para designar un movimiento que tomó como modelo las obras de la Antigüedad grecolatina.
La palabra refleja una de las ideas fundamentales de este movimiento: la admiración por el mundo clásico. Los escritores y artistas consideraban que las obras de Grecia y Roma representaban un ideal de equilibrio, claridad y perfección que merecía ser recuperado. Por ello, intentaron inspirarse en esos modelos y adaptarlos a las necesidades de su tiempo.

La muerte de Sócrates es un gran ejemplo de arte neoclásico: orden, claridad y simetría, así como tema clásico (la ejecución del gran filósofo griego).


El ideal clásico también tuvo, cómo no, una gran repercusión en el ámbito musical. Wolfgang Amadeus Mozart es el ejemplo más célebre de este estilo. En este vídeo, Jaime Altozano nos explica, entre otros movimientos, lo que es el clasicismo musical y cómo aprender a identificarlo.
La Ilustración
El Neoclasicismo se desarrolló durante el siglo XVIII, una etapa conocida como el Siglo de las Luces o la Ilustración. Fue una época marcada por la confianza en la razón, la educación y el conocimiento como instrumentos para mejorar la sociedad. Muchos pensadores consideraban que los problemas humanos podían resolverse mediante el estudio, la observación y el pensamiento crítico.
En España, el siglo comenzó con la Guerra de Sucesión (1701-1714), que terminó con la llegada al trono de la dinastía de los Borbones. Los nuevos monarcas impulsaron diversas reformas destinadas a modernizar el país y acercarlo a otras potencias europeas.
Durante estos años surgieron numerosas instituciones culturales y científicas, como la Real Academia Española (1713), la Real Academia de la Historia (1738) o la Biblioteca Nacional. Su objetivo era fomentar la educación, difundir la cultura y organizar el conocimiento.

El edificio de la RAE, cuya arquitectura es de estilo neoclásico.
Los ilustrados defendían una sociedad más culta y racional. Por ello, criticaron la ignorancia, las supersticiones y determinadas costumbres que consideraban perjudiciales para el progreso. La literatura pasó a entenderse como una herramienta útil para educar a los ciudadanos y transmitir ideas.

Lectura de la tragedia «El huérfano de la China» de Voltaire en el salón de madame Geoffrin (1812). Esta pintura representa reunidos a los ilustrados más importantes de la época.
En este contexto nació el Neoclasicismo, un movimiento que admiraba los modelos de la Antigüedad grecolatina y que defendía valores como el orden, la claridad, el equilibrio y la utilidad de las obras artísticas.
1.1 La literatura del siglo XVIII
La literatura española del siglo XVIII no fue uniforme. Durante las primeras décadas continuaron cultivándose formas y modelos heredados del Barroco, pero, poco a poco, las ideas de la Ilustración fueron imponiendo una nueva manera de entender la literatura. Esta nueva corriente, conocida como Neoclasicismo, defendía una literatura guiada por la razón, el equilibrio y la utilidad social.
1.1.1 Características de la literatura neoclásica
Finalidad didáctica
La principal función de la literatura es educar. Los autores aprovechan sus obras para transmitir valores, denunciar malas costumbres y fomentar una sociedad más culta y racional. El entretenimiento sigue siendo importante, pero siempre está al servicio de una enseñanza. Las fábulas de Samaniego, por ejemplo, son poemas que ridiculizan comportamientos y vicios humanos y aleccionan al lector a través de una enseñanza o moraleja.
Cantando la Cigarra
pasó el verano entero,
sin hacer provisiones
allá para el invierno.
Los fríos la obligaron
a guardar el silencio
y a acogerse al abrigo
de su estrecho aposento.
Viose desproveída
del preciso sustento:
sin mosca, sin gusano,
sin trigo, sin centeno.
Habitaba la Hormiga
allí, tabique en medio,
y con mil expresiones
de atención y respeto
la dijo: —Doña Hormiga,
pues que en vuestros graneros
sobran las provisiones
para vuestro alimento,
prestad alguna cosa
con que viva este invierno
esta triste Cigarra,
que, alegre en otro tiempo,
nunca conoció el daño,
nunca supo temerlo.
No dudéis en prestarme;
que fielmente prometo
pagaros con ganancias,
por el nombre que tengo.
La codiciosa Hormiga
respondió con denuedo,
ocultando a la espalda
las llaves del granero:
—¡Yo prestar lo que gano
con un trabajo inmenso!
Dime, pues, holgazana,
¿que has hecho en el buen tiempo?
—Yo, dijo la Cigarra,
a todo pasajero
cantaba alegremente,
sin cesar ni un momento.
—¡Hola!, ¿conque cantabas
cuando yo andaba al remo?
Pues ahora, que yo como,
baila, pese a tu cuerpo.
Félix María de Samaniego: Fábulas.
Predominio de la razón
Los escritores confían en la razón como la mejor herramienta para comprender el mundo y resolver sus problemas. Por ello, evitan los excesos sentimentales y defienden el equilibrio, la moderación y el sentido común, en oposición a la exageración propia del Barroco.
Claridad y sencillez en el lenguaje
La literatura debe ser fácil de entender para transmitir las ideas con eficacia. Por ello, se emplea un lenguaje claro, preciso y natural, alejado de la complejidad y los juegos de palabras característicos del Barroco.
Inspiración en los modelos clásicos
Los autores toman como referencia las obras de la Antigüedad grecolatina, que consideran un modelo de perfección. Buscan el orden, la armonía y el equilibrio, y procuran respetar las normas clásicas sobre la composición de las obras. En el teatro, por ejemplo, se respetaba la regla de las tres unidades:
- Unidad de tiempo: los hechos debían transcurrir, como máximo, en veinticuatro horas.
- Unidad de acción: la obra debía contar una sola historia principal.
- Unidad de lugar: toda la acción debía desarrollarse en un único escenario.
1.1.2 Los géneros literarios en el Neoclasicismo
La literatura del siglo XVIII puso todos sus géneros al servicio de los ideales de la Ilustración. Aunque cada uno desarrolló unas características propias, todos compartían un mismo propósito: educar, difundir conocimientos y contribuir al progreso de la sociedad.
El ensayo
El ensayo fue el género más representativo del Neoclasicismo. En él, el autor expone sus ideas sobre un tema y las defiende mediante argumentos y ejemplos, con el objetivo de hacer reflexionar al lector.
Los ensayos abordaban cuestiones como la educación, la economía, la política, la ciencia o las costumbres de la sociedad española. Su intención no era contar una historia, sino analizar los problemas del país y proponer soluciones inspiradas en la razón y el progreso.
El lenguaje se caracteriza por la claridad, la sencillez y la precisión, muy alejadas del estilo recargado del Barroco. Gracias al ensayo, el español comenzó a consolidarse como lengua de la ciencia y del pensamiento.
Entre los principales ensayistas destacan Benito Jerónimo Feijoo, autor de Teatro crítico universal y Cartas eruditas y curiosas; José Cadalso, que en Cartas marruecas analiza los problemas de la España de su tiempo, y Gaspar Melchor de Jovellanos, autor de importantes ensayos sobre educación, economía y política, como su célebre Informe sobre la ley agraria.
Pero aunque en todos tiempos reinó la moda, está sobre muy distinto pie en este, que en los pasados su imperio. Antes el gusto mandaba en la moda, ahora la moda manda en el gusto. Ya no se deja un modo de vestir porque fastidia, ni porque el nuevo parece, o más conveniente, o más airoso. Aunque aquel sea, y parezca mejor se deja, porque así lo manda la moda. Antes se atendía a la mejoría, aunque fuese sólo imaginada; o por lo menos un nuevo uso, por ser nuevo agradaba; y hecho agradable, se admitía: ahora, aún cuando no agrade, se admite sólo por ser nuevo. Malo sería que fuese tan inconstante el gusto; pero peor es que sin interesarse el gusto haya tanta inconstancia.
De suerte, que la moda se ha hecho un dueño tirano, y sobre tirano importuno, que cada dia pone nuevas leyes, para sacar cada dia nuevos tributos; pues cada nuevo uso que introduce, es un nuevo impuesto sobre las haciendas. No se trajo cuatro dias el vestido, cuanto es preciso arrimarle como inútil, y sin estar usado, se ha de condenar como viejo. Nunca se menudearon tanto las modas, como ahora, no con mucho. Antes la nueva invención esperaba que los hombres se disgustasen de la antecedente, y a que gastasen lo que se había arreglado a ella. Atendíase al gusto, y se excusaba el gasto. Ahora todo se atropella. Se aumenta infinito el gasto, aún sin contemplar el gusto.
Benito Jerónimo Feijoo: Teatro crítico universal.
La narrativa
La narrativa tuvo menos desarrollo que el ensayo. De hecho, el siglo XVIII ha sido llamado en ocasiones «el siglo sin novela», ya que la mayoría de los relatos estaban subordinados a una finalidad didáctica o satírica.
Durante la primera mitad del siglo predominó la llamada prosa satírico-novelesca, que utilizaba la ficción para criticar defectos de la sociedad, de la educación o de determinadas costumbres. Se trata de novelas no centradas tanto en la trama como en la sátira de aspectos considerados censurables. Destacan las obras de Diego de Torres Villarroel y del padre Isla, cuya novela Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas, alias Zotes, ridiculiza al estamento clerical.
Durante la segunda mitad del siglo también aparecieron obras narrativas que combinaban la ficción con la reflexión. La más importante es Cartas marruecas, de José Cadalso, una novela epistolar en la que, a través del intercambio de cartas entre tres personajes, se analizan los problemas de la España de la época desde una perspectiva ilustrada.
Carta VXXII
De Gazel a Ben-Beley
Hoy he asistido por mañana y tarde a una diversión propiamente nacional de los españoles, que es lo que ellos llaman fiesta o corrida de toros. Ha sido este día asunto de tanta especulación para mí, y tanto el tropel de ideas que me asaltaron a un tiempo, que no sé por cuál empezar a hacerte la relación de ellas. Nuño aumenta más mi confusión sobre este particular, asegurándome que no hay un autor extranjero que hable de este espectáculo, que no llame bárbara a la nación que aún se complace en asistir a él. Cuando esté mi mente más en su equilibrio, sin la agitación que ahora experimento, te escribiré largamente sobre este asunto; sólo te diré que ya no me parecen extrañas las mortandades que sus historias dicen de abuelos nuestros en la batalla de Clavijo, Salado, Navas y otras, si las excitaron hombres ajenos de todo el lujo moderno, austeros en sus costumbres, y que pagan dinero por ver derramar sangre, teniendo esto por diversión dignísima de los primeros nobles. Esta especie de barbaridad los hacía sin duda feroces, pues desde niños se divertían con lo que suelen causar desmayos a hombres de mucho valor la primera vez que asisten a este espectáculo.
José Cadalso: Cartas Marruecas.
A finales del siglo comenzó a desarrollarse una novela de carácter educativo y sentimental, inspirada en las ideas de Jean-Jacques Rousseau y su obra Emilio, o De la educación. Estas obras narran el proceso de formación de un joven y muestran cómo la educación y la razón pueden convertirlo en un buen ciudadano.
La poesía
La poesía del siglo XVIII evolucionó desde la influencia del Barroco hacia una nueva forma de entender la literatura, acorde con los ideales de la Ilustración. Los poetas abandonaron el lenguaje recargado del siglo anterior y buscaron un estilo más claro, equilibrado y natural, aunque sin renunciar al cuidado de la expresión.
Entre las composiciones más características se encuentran las anacreónticas, poemas breves y de tono alegre que celebran los pequeños placeres de la vida, como el amor, el vino, la amistad o la naturaleza. Reciben este nombre porque se inspiran en el poeta griego Anacreonte.
Viendo el Amor un día
que mil lindas zagalas
huían de él medrosas
por mirarle con armas,
dicen que de picado
les juró la venganza
y una burla les hizo,
como suya, extremada.
Tornose en mariposa,
los bracitos en alas
y los pies ternezuelos
en patitas doradas.
¡Oh! ¡qué bien que parece!
¡Oh! ¡qué suelto que vaga,
y ante el sol hace alarde
de su púrpura y nácar!
Ya en el valle se pierde,
ya en una flor se para,
ya otra besa festivo,
y otra ronda y halaga.
Las zagalas, al verle,
por sus vuelos y gracia
mariposa le juzgan
y en seguirle no tardan.
| Una a cogerle llega, y él la burla y se escapa; otra en pos va corriendo, y otra simple le llama, despertando el bullicio de tan loca algazara en sus pechos incautos la ternura más grata. Ya que juntas las mira, dando alegres risadas súbito amor se muestra y a todas las abrasa. Mas las alas ligeras en los hombros por gala se guardó el fementido, y así a todos alcanza. También de mariposa le quedó la inconstancia: llega, hiere, y de un pecho a herir otro se pasa |
Juan Meléndez Valdés: El amor mariposa (Poesías varias).
También tuvo gran importancia la oda, utilizada para expresar reflexiones morales o filosóficas y para exaltar ideales como el progreso, la educación o la ciencia. Junto a ella se cultivó la elegía, un tipo de poema centrado en el dolor, la melancolía y la reflexión sobre la muerte o el paso del tiempo. En sus últimas manifestaciones, la elegía anuncia ya algunos rasgos del Romanticismo.
Otra de las tendencias características fue la poesía didáctica, que pone la literatura al servicio de la enseñanza. Dentro de ella alcanzó un gran desarrollo la fábula, un relato breve protagonizado generalmente por animales que concluye con una moraleja, es decir, una enseñanza dirigida al lector.
Entre los principales poetas del Neoclasicismo destacan José Cadalso, Gaspar Melchor de Jovellanos y Juan Meléndez Valdés, considerado el máximo representante de la poesía neoclásica española. En la fábula sobresalen Félix María de Samaniego y Tomás de Iriarte.
El teatro
El teatro fue uno de los géneros más populares del siglo XVIII, aunque convivieron dos formas muy distintas de entender el espectáculo: el teatro popular, heredero del Barroco, y el teatro neoclásico, impulsado por los ilustrados.
El teatro popular seguía ofreciendo al público comedias de gran espectáculo, sainetes y comedias sentimentales, muy apreciadas por los espectadores. El sainete, una pieza breve de carácter humorístico que retrata escenas de la vida cotidiana, alcanzó un gran éxito gracias a Ramón de la Cruz.
El teatro neoclásico, en cambio, concebía la escena como un medio para educar a la sociedad. Sus autores defendían un teatro más realista y verosímil, con personajes cercanos y situaciones creíbles, del que pudiera extraerse una enseñanza moral.
Para conseguirlo, recuperaron las reglas del teatro clásico. La más importante era la regla de las tres unidades: la obra debía desarrollar una única acción principal, transcurrir en un solo lugar y desarrollarse en un máximo de veinticuatro horas. Además, se evitaban los episodios fantásticos y las tramas excesivamente complicadas.
Dentro del teatro neoclásico sobresalen dos grandes formas:
- La tragedia, protagonizada por personajes nobles y centrada en conflictos históricos o heroicos, aunque tuvo poco éxito entre el público.
- La comedia, que alcanzó un mayor desarrollo. Criticaba costumbres y comportamientos de la sociedad con la intención de corregirlos mediante el humor y la reflexión.
El principal dramaturgo del siglo fue Leandro Fernández de Moratín, autor de El sí de las niñas, una comedia que denuncia los matrimonios concertados y defiende una educación basada en la razón y la libertad de elección.
1.1.2 Escritores y escritoras en el Neoclasicismo
Detrás de las obras que hemos estudiado se encuentran algunos de los escritores y escritoras más destacados del siglo XVIII español. Sus trayectorias fueron muy distintas: algunos participaron en la vida política, otros renovaron el teatro, cultivaron la poesía o utilizaron el ensayo para reflexionar sobre la sociedad de su tiempo.
También conviene recordar que las escritoras tuvieron entonces muchas más dificultades para publicar, estrenar o ser reconocidas públicamente. Aun así, algunas autoras ocuparon un lugar importante en la literatura de la época, aunque durante mucho tiempo recibieran menos atención que sus contemporáneos varones.
José Cadalso
José Cadalso fue un escritor, militar y pensador español del siglo XVIII. Viajó por varios países europeos, lo que le permitió conocer nuevas ideas y compararlas con la realidad española. En sus obras criticó algunos problemas de España y reflexionó sobre la necesidad de modernizar el país.

Sus obras más importantes son Cartas marruecas, una colección de cartas en las que analiza la sociedad española desde una mirada crítica, y Noches lúgubres, considerada una obra precursora del Romanticismo por su tono sentimental y melancólico.
📜 Cartas Marruecas está formada por una serie de cartas intercambiadas entre Gazel, un joven marroquí que viaja por España; Ben-Beley, su maestro, que permanece en Marruecos; y Nuño Núñez, un español culto y experimentado. A través de sus observaciones y comentarios, los tres personajes analizan las costumbres, la educación, la historia, la política y los problemas del país. Gracias a la mirada externa de Gazel, Cadalso puede examinar España con objetividad, señalando tanto sus defectos como sus virtudes. De este modo, la obra transmite los ideales ilustrados de confianza en la razón, el espíritu crítico y el deseo de mejorar la sociedad mediante el conocimiento y la educación.


Carta I
De Gazel a Ben-Beley
Me hallo vestido como estos cristianos, introducido en muchas de sus casas, poseyendo su idioma, y en amistad muy estrecha con un cristiano llamado Nuño Núñez, que es hombre que ha pasado por muchas vicisitudes de la suerte, carreras y métodos de vida. Se halla ahora separado del mundo y, según su expresión, encarcelado dentro de sí mismo. En su compañía se me pasan con gusto las horas, porque procura instruirme en todo lo que pregunto; y lo hace con tanta sinceridad, que algunas veces me dice: «De eso no entiendo»; y otras: «De eso no quiero entender». Con estas proporciones hago ánimo de examinar no sólo la corte, sino todas las provincias de la Península. Observaré las costumbres de este pueblo, notando las que le son comunes con las de otros países de Europa, y las que le son peculiares. Procuraré despojarme de muchas preocupaciones que tenemos los moros contra los cristianos, y particularmente contra los españoles. Notaré todo lo que me sorprenda, para tratar de ello con Nuño y después participártelo con el juicio que sobre ello haya formado. […]
José de Cadalso. Cartas Marruecas (fragmento)
💡 Sabías que…
Cadalso estaba profundamente enamorado de María Ignacia Ibáñez, una famosa actriz de la época. Cuando ella murió repentinamente en 1771, él quedó devastado. Según una tradición muy difundida y recogida por numerosos biógrafos, intentó entrar de noche en el cementerio para abrir la tumba y volver a verla por última vez. Aunque algunos detalles del episodio son difíciles de verificar con total certeza, refleja el enorme impacto que tuvo su muerte en el escritor.
Gaspar Melchor de Jovellanos
Gaspar Melchor de Jovellanos fue un escritor, jurista y político ilustrado español del siglo XVIII. Ocupó diversos cargos públicos y participó activamente en los proyectos de reforma impulsados durante la Ilustración. Convencido de que la razón y el conocimiento podían mejorar la sociedad, defendió la educación y el progreso de España.

Sus obras más importantes son el Informe sobre la Ley Agraria, en el que analiza los obstáculos que frenaban el desarrollo de la agricultura española y propone reformas para mejorarla, y la Memoria sobre la educación pública, donde defiende una enseñanza útil y accesible como base del progreso de la sociedad.
📜 En el Informe sobre la Ley Agraria, Jovellanos analiza las causas del atraso de la agricultura española y propone una serie de reformas para modernizar el campo. Defiende la eliminación de los obstáculos que frenaban la producción, como algunas formas de propiedad y determinadas leyes, y sostiene que el progreso económico depende de una agricultura más libre y eficiente. De este modo, la obra refleja la confianza de la Ilustración en la razón, las reformas y el desarrollo del país.

Cultivar la tierra dista mucho todavía de la perfección a que puede ser tan fácilmente conducida. ¿Qué nación hay que, para afrenta de su sabiduría y opulencia, y en medio de lo que han adelantado las artes de lujo y de placer, no presente muchos testimonios del atraso de una profesión tan esencial y necesaria? ¿Qué nación hay en que no se vean muchos terrenos o del todo incultos o muy perfectamente cultivados.
Muchos que por falta de riego, de desagüe o desmonte, estén condenados a perpetua esterilidad; muchos perdidos para el fruto a que los llama la naturaleza y destinados a dañosas o inútiles producciones, con desprecio del tiempo y del trabajo? ¿Qué nación hay que no tenga mucho que mejorar en los instrumentos, mucho que adelantar en los métodos, mucho que corregir en las labores y operaciones rústicas de su cultivo? En una palabra: ¿qué nación hay en la primera de las artes que no sea la más atrasada de todas?
Gaspar Melchor de Jovellanos: Informe sobre la ley agraria (fragmento)
💡 Sabías que…
Gaspar Melchor de Jovellanos pasó casi siete años encarcelado sin haber sido juzgado. Entre 1801 y 1808 estuvo recluido la mayor parte del tiempo en el castillo de Bellver, en Mallorca, por motivos políticos. Allí continuó leyendo, escribiendo y reflexionando sobre cómo mejorar España.
Benito Jerónimo Feijoo
Benito Jerónimo Feijoo fue un monje benedictino y escritor español del siglo XVIII. A través de sus ensayos trató de acercar el conocimiento a un público amplio y de fomentar el pensamiento crítico, cuestionando supersticiones, prejuicios e ideas muy extendidas en su época. Por ello, es una de las figuras más representativas de la Ilustración española

Sus obras más importantes son el Teatro crítico universal, una colección de ensayos en la que analiza cuestiones científicas, históricas, filosóficas y culturales para combatir errores y supersticiones, y las Cartas eruditas y curiosas, donde responde a preguntas y reflexiona sobre numerosos temas de interés para sus contemporáneos.
📜 El Teatro crítico universal es una colección de ensayos en la que Feijoo aborda temas muy diversos, como la ciencia, la medicina, la historia, la filosofía o las costumbres de su tiempo. A través de ejemplos, razonamientos y referencias a distintos autores, examina creencias muy extendidas, cuestiona supersticiones y corrige errores que consideraba fruto de la ignorancia o de la falta de reflexión. Su propósito es invitar al lector a pensar por sí mismo y a fundamentar sus opiniones en argumentos.

Tradiciones populares
I
La regla de la creencia del vulgo es la posesión. Sus ascendientes son sus oráculos y considera casi una impiedad no creer lo que ellos creyeron. No cuida de examinar el origen de una noticia; le basta saber que es antigua para venerarla, como los antiguos egipcios, que adoraban el Nilo sin saber dónde nacía o cómo se formaba, sino únicamente porque venía de lejos.
¡Qué quimeras, qué extravagancias no se conservan en los pueblos a la sombra del vano, pero ostentoso, título de tradición! ¿No es cosa para perderse de risa oír, en este y en aquel país, no solo a rústicos y niños, sino también a venerados sacerdotes, decir que en cierto lugar hay una mora encantada que se ha aparecido diferentes veces? Así se lo oyeron a sus padres y abuelos, y no les hace falta más. Si alguien les pide pruebas, siempre alegarán testigos vivos que aseguran haberla visto, pues en ningún país faltan embusteros que se complacen en confirmar tales patrañas.
Supongamos que, en aquellos lugares del cantón de Lucerna cercanos a la montaña de Fraemont, donde existe la creencia de que todos los años, en un día determinado, se ve a Poncio Pilato sobre la cumbre, vestido de juez, también se alegan siempre testigos de la visión, fallecidos poco tiempo atrás. Esto, unido a una tradición antigua y al hecho de que aquella montaña reciba el nombre de «Montaña de Pilatos», basta para persuadir a los espíritus crédulos.
Benito Jerónimo Feijoo: Teatro crítico universal (fragmento)
💡 Sabías que…
Feijoo defendió que muchas mujeres tenían la misma capacidad intelectual que los hombres. En su ensayo Defensa de las mujeres (1726) criticó los prejuicios de su época y sostuvo que la supuesta inferioridad femenina no tenía una base racional.
Leandro Fernández de Moratín
Leandro Fernández de Moratín fue un dramaturgo y poeta español del siglo XVIII. Es el principal representante del teatro neoclásico en España y dedicó gran parte de su obra a renovar la comedia, utilizando el teatro como un medio para reflejar las costumbres de su tiempo y promover la reflexión del público.

Sus obras más importantes son El sí de las niñas, considerada la mejor comedia del teatro neoclásico español, y La comedia nueva o El café, donde critica el teatro de escasa calidad que triunfaba en su época y defiende un modelo teatral más cuidado y verosímil.
🎭 El sí de las niñas es una comedia dividida en tres actos que narra la historia de doña Paquita, una joven que ha sido prometida por su madre a don Diego, un hombre rico y mucho mayor que ella. Sin embargo, Paquita está enamorada de don Carlos, sobrino de don Diego, lo que desencadena un conflicto entre los deseos de la joven y las decisiones impuestas por los adultos. Cuando don Diego descubre la verdad, renuncia al matrimonio y permite que los dos jóvenes puedan casarse.
La obra respeta las tres unidades clásicas del teatro neoclásico: presenta una única acción, transcurre en un solo lugar —una posada de Alcalá de Henares— y desarrolla los acontecimientos en menos de un día. Además, Moratín utiliza un lenguaje natural y personajes verosímiles para representar situaciones cotidianas, alejándose de los excesos y enredos propios de buena parte del teatro barroco.

📺 Estrenada en 1806 con un éxito extraordinario, El sí de las niñas se convirtió muy pronto en una de las comedias más importantes del teatro español. Salvo el paréntesis de los años en que estuvo prohibida, la obra se ha representado de forma casi ininterrumpida hasta nuestros días. La versión que puedes ver a continuación fue emitida por Televisión Española en 1970 dentro del programa Teatro de siempre, dedicado a llevar los grandes clásicos a la pequeña pantalla.
DON DIEGO.— Ve aquí los frutos de la educación. Esto es lo que se llama criar bien a una niña: enseñarla a que desmienta y oculte las pasiones más inocentes con una pérfida disimulación. Las juzgan honestas luego que las ven instruidas en el arte de callar y mentir. Se obstinan en que el temperamento, la edad ni el genio han de tener influencia alguna en sus inclinaciones, o en que su voluntad ha de torcerse al capricho de quien las gobierna. Todo se les permite, menos la sinceridad. Con tal que no digan lo que sienten, con tal que finjan aborrecer lo que más desean, con tal que se presten a pronunciar, cuando se lo mandan, un sí perjuro, sacrílego, origen de tantos escándalos, ya están bien criadas, y se llama excelente educación la que inspira en ellas el temor, la astucia y el silencio de un esclavo.
DOÑA FRANCISCA.— Es verdad… Todo eso es cierto… Eso exigen de nosotras, eso aprendemos en la escuela que se nos da… Pero el motivo de mi aflicción es mucho más grande.
DON DIEGO.— Sea cual fuere, hija mía, es menester que usted se anime… Si la ve a usted su madre de esa manera, ¿qué ha de decir?… Mire usted que ya parece que se ha levantado.
DOÑA FRANCISCA.— ¡Dios mío!
DON DIEGO.— Sí, Paquita; conviene mucho que usted vuelva un poco sobre sí… No abandonarse tanto… Confianza en Dios… Vamos, que no siempre nuestras desgracias son tan grandes como la imaginación las pinta… ¡Mire usted qué desorden este! ¡Qué agitación! ¡Qué lágrimas! Vaya, ¿me da usted palabra de presentarse así…, con cierta serenidad y…? ¿Eh?
DOÑA FRANCISCA.— Y usted, señor… Bien sabe usted el genio de mi madre. Si usted no me defiende, ¿a quién he de volver los ojos? ¿Quién tendrá compasión de esta desdichada?
DON DIEGO.— Su buen amigo de usted… Yo… ¿Cómo es posible que yo la abandonase…, criatura…, en la situación dolorosa en que la veo?
(Asiéndola de las manos.)
DOÑA FRANCISCA.— ¿De veras?
DON DIEGO.— Mal conoce usted mi corazón.
DOÑA FRANCISCA.— Bien le conozco.
(Quiere arrodillarse; DON DIEGO se lo estorba, y ambos se levantan.)
DON DIEGO.— ¿Qué hace usted, niña?
DOÑA FRANCISCA.— Yo no sé… ¡Qué poco merece toda esa bondad una mujer tan ingrata para con usted!… No, ingrata no; infeliz… ¡Ay, qué infeliz soy, señor don Diego!
DON DIEGO.— Yo bien sé que usted agradece como puede el amor que la tengo… Lo demás todo ha sido… ¿qué sé yo?… una equivocación mía, y no otra cosa… Pero usted, ¡inocente!, usted no ha tenido la culpa.
DOÑA FRANCISCA.— Vamos… ¿No viene usted?
DON DIEGO.— Ahora no, Paquita. Dentro de un rato iré por allá.
DOÑA FRANCISCA.— Vaya usted presto.
(Encaminándose al cuarto de DOÑA IRENE, vuelve y se despide de DON DIEGO besándole las manos.)
DON DIEGO.— Sí, presto iré.
Leandro Fernández de Moratín. El sí de las niñas (fragmento)
💡 Sabías que…
Tras la Guerra de la Independencia, Moratín tuvo que exiliarse por haber colaborado con el gobierno de José I. Vivió sus últimos años fuera de España y murió en París, donde fue enterrado. Años después, sus restos fueron trasladados a Madrid.
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